martes, junio 07, 2011

 El hombre conducía despacio por la calle, mirando de vez en cuando a la gente.
Al llegar al puerto enfiló la rampa de los barcos y entró al agua en primera marcha, lento y seguro, saludando con una elegante inclinación de cabeza a los pescadores sentados al sol, que siguieron mudos, atentos y sorprendidos, la excéntrica maniobra del extraño.
Cuando el agua empezó a entrar por la raja de las ventanillas, corrieron hacia el coche para ver al ocupante ahogarse mientras, con absoluta tranquilidad, él contestaba por señas que no a los enloquecidos requerimientos de los pescadores para que abriera los seguros de las puertas. 

1 comentario:

  1. Fuf que bueno, hacia tiempo que no encontraba un blog así, enhorabuena :)

    ResponderEliminar